Desde 1997 la FPM y BPBV organiza, durante los meses de Enero y Febrero, la escuela de verano que culmina con la Caravana Murguera recorriendo las calles del barrio. Esta tarea, enmarcada en los principios de la educación popular, motiva la participación de decenas de vecinos de distintas edades en talleres de lectura y escritura, plástica, teatro, música, malabares, danza, percusión y cultura corporal.
Con distintos ejes temáticos cada año, se aspira a construir un espacio de resistencia cultural, donde se compartan saberes, se desarrollen destrezas y se promueva el pensamiento creativo y crítico, fomentando una cultura de la solidaridad y la cooperación.
En este mundo globalizado y deshumanizado, en un país donde los resultados del neoliberlismo son cada vez más nefastos para los trabajadores, nos anima la certeza de que crear, unir en la memoria, compartir, son formas de resistir y organizarnos contra un saqueo cada vez más ambicioso. Frente a fuertes determinismos económicos y sociales, el arte adquiere un rol de dignificación en el hombre. No es un mero ornato ocioso, es un camino a través del cual el sujeto puede encontrarse a sí mismo y entenderse en su relación con los demás. Si la sociedad no da oportunidades, el arte popular o el arte en la comunidad le da la posibilidad de hacer a todos por igual.

Es, entonces, uno de los objetivos, lograr que los vecinos de Bella Vista hagan de la Escuela de Verano un espacio de encuentro con otros, un espacio donde poder expresarse, realizando actividades conjuntas, recuperando su memoria, su identidad y demostrando que el arte no es elitista. En definitiva, utilizando el arte para la transformación social.
Que todos sientan que pueden producir y hacer y no sólo consumir, implica una dignidad y un derecho. Y asumir la conciencia de esto supone un primer paso para reconocer otros derechos por los cuales es necesario reclamar como comunidad y no dejarlos en manos de un grupo de especialistas tecnócratas.
Desde esta perspectiva, la Caravana Murguera y el Piquete Creativo deben tener por objeto fortalecer la participación, organización y manifestación popular - aún cuando el sistema dominante las restrinja o silencie-. Plantear las contrariedades que nos aquejan como resultado de la implementación de las políticas de los poderosos y opresores, reflejar esta realidad de tal forma que todos los vecinos logren reconocer los problemas y sus causas, con un lenguaje directo y comprensible para todos, es, de alguna manera, abrir un camino hacia un cambio transformador.
Este ámbito estimula también un modo diferente de relación intergeneracional, donde todos –con sus diferentes capacidades- pueden participar. Cualquiera lo puede hacer, no necesita de ningún soporte técnico específico: son las voces y los cuerpos de la gente que lo hacen. Es, además, un espacio integrador de varias disciplinas. Hay lugar para el que quiera escribir, los músicos que quieran tocar, los que quieran actuar, los que quieran hacer una escenografía, los que se expresan mejor bailando. Borrando falsas fronteras generacionales, vecinos de todas las edades pueden sumarse a una propuesta integradora de cooperación y acción colectiva a través del arte como modo de liberar las voces y los cuerpos oprimidos.
La vinculación con la naturaleza en el contexto urbano y el tratamiento de conservación y protección del patrimonio natural tienen también gran importancia para la propuesta de Escuela de Verano. Se pretende que al discutir estas cuestiones, los participantes puedan compartir, reflexionar y proponer iniciativas que ayuden a la formación de una conciencia crítica, conociendo los problemas de alerta ecológica que han sido impuestas por un modelo de sociedad capitalista basada en el lucro, la especulación, el consumismo y la explotación irracional de las reservas naturales.
Como parte de este fomento de la conciencia ecológica y de un mayor desarrollo de la cultura de salud, se trabaja con énfasis el cuidado del cuerpo y el desarrollo de potencialidades físicas y corporales, desmitificando la idea de cuerpo como modelo y objeto de consumo. Esto supone el tratamiento de lo corporal desde un enfoque integral, asociando una perspectiva bio-social ecológica con los ejes político-idelógico y artístico-cultural.
El juego como experiencia de aprendizaje es otro de los pilares de la Escuela de Verano. Utilizando distintos tipos de juegos (creativos, de cooperación, de integración, participación, etc.) se fomentan el trabajo colectivo, la producción creativa-grupal y experiencias que estimulan la sensibilidad artístico-expresiva en un clima de participación comunitaria. La idea del aprender-haciendo es abordada desde una perspectiva lúdica y del trabajo como práctica social y de inclusión.
La recreación es una dimensión que estimula el desarrollo de las inteligencias múltiples y las potencialidades de los sujetos. De esta manera el arte, el juego, el grupo, el aprendizaje significativo, la expresión y la creatividad ocupan un lugar importante en la propuesta político-pedagógica.
Diversos enfoques del ocio y el tiempo libre limitan la recreación al entretenimiento. En cambio, desde la Escuela de Verano, el tiempo libre es entendido como un ámbito donde es posible el placer de aprender, crear, conocerse e interactuar con otros, en una propuesta que integra actividades físicas, artísticas, sociales y culturales. Promover las potencialidades de todos, los derechos humanos y crear iniciativas contrahegemónicas al capitalismo son aspiraciones que este espacio pretende construir, desarrollando sentimientos de pertenencia y una cultura del disfrute por el patrimonio cultural y natural.